La krakatita
La krakatita A la mañana siguiente Krafft se despertó con el «cucú» de Paul; estuvo a punto de pegar un brinco, pero estaba completamente agarrotado, porque había pasado toda la noche helado y había dormido retorcido como un perro. Cuando finalmente consiguió reunir fuerzas, vio que Prokop había desaparecido y que una barquichuela de su flotilla se mecía junto a la orilla. Sintió una gran preocupación por su líder; habría partido en su busca, pero temía abandonar la fortaleza que tan perfectamente había construido. Así que mejoró en ella lo que aún era posible y oteó con sus ojos miopes en busca de Prokop.
Mientras tanto Prokop, que se había despertado como roto y con un regusto fangoso en la boca, friolero y algo aturdido, estaba ya desde hacía rato en el parque, en lo alto de la copa de un viejo roble desde donde se podía ver el frontal de palacio. La cabeza le daba vueltas, estaba firmemente agarrado a una rama, no podía mirar directamente hacia abajo porque se habría desplomado por el vértigo.
