La krakatita
La krakatita No había visto a la princesa desde que ella estaba en cama; únicamente le había enviado, a diario, unas cuantas cartas, breves y apasionadas, que callaban más de lo que decían. Sabía por Paul que estaba algo enferma pero que había vuelto a pasear por sus aposentos. Prokop no podía entender por qué no venía a visitarlo; él mismo estaba ya fuera de la cama y esperaba que lo llamara para verlo al menos durante un minuto.
