La krakatita
La krakatita Era un dÃa encapotado y desapacible. La princesa tosÃa, tenÃa escalofrÃos y estaba ardiendo otra vez, presa de la fiebre, pero no era capaz de quedarse en la cama: esperaba la respuesta de Prokop. Echó un vistazo a través de la ventana para comprobar si habÃa salido, y llamó de nuevo a Paul. Otra vez lo mismo: el señor ingeniero paseaba por su cuarto. ¿Y no decÃa nada? No, no decÃa nada. La princesa se paseaba de una pared a otra, arrastrándose, como si quisiera acompañar a Prokop; y de nuevo se sentaba y balanceaba todo su cuerpo para anestesiar aquella inquietud que le provocaba escalofrÃos.
