La krakatita
La krakatita —Bien —dijo—, y ahora al grano. Desde este mismo instante —empezó a decir mientras se paseaba—, seré para usted sencillamente… el camarada Daimon. Le introduciré en nuestro cÃrculo, no está lejos de aquÃ. No debe tomárselos muy en serio: son en parte desperados, proscritos y fugitivos barridos de todos los confines del mundo, en parte idealistas, palabreros, diletantes que pretenden salvar el mundo y doctrinarios. No debe hacer preguntas sobre el programa; son mero material que ponemos en juego…, en nuestro juego. Lo importante es que podemos poner a su disposición una organización internacional, ramificada y hasta ahora secreta, que tiene células en todas partes. Nuestro único programa es la acción directa. Para ello nos ganaremos a todos sin excepción; en cualquier caso, ya la están pidiendo a gritos, como un juguete nuevo. Por lo demás, «la nueva lÃnea de acción» y «la destrucción dentro de las cabezas» tendrá para ellos un encanto irresistible; después de los primeros éxitos le seguirán como ovejas, especialmente si elimina de la cúpula directiva a aquéllos que yo le indique.
Hablaba con suavidad, como un orador experimentado, es decir, pensando entretanto en algo diferente, y con una seguridad apabullante que no dejaba lugar al rechazo o a las dudas. A Prokop le pareció que ya lo habÃa escuchado antes.