La krakatita
La krakatita —Está bien —dijo en voz muy baja, y apretó la valiosÃsima sustancia entre las palmas de sus manos, como si se estuviera calentando con ella las manos ateridas—. Eres tú —murmuró a media voz—. Te conozco: eres un elemento explosivo. Llegará tu momento, y lo liberarás todo. Está bien. —Levantó los ojos de debajo de sus cejas, vacilante—. ¿Qué queréis saber? Yo entiendo sólo de dos cosas: de las estrellas y de quÃmica. Son hermosas… la extensión infinita del tiempo, el orden y la estabilidad eternos, la aritmética divina del universo. Os digo que… no hay nada más hermoso. ¿Pero qué son las leyes vigentes de la eternidad? Llegará tu momento, y explotarás; liberarás amor, dolor, pensamiento, no sé. Tu mayor grandeza y tu mayor fuerza serán tan sólo un instante. Tú, tú no estás comprendido en el orden infinito ni incluido en un millón de años luz, y por eso… ¡por eso tu nada merece la pena! Explota con una llama sublime. ¿Te sientes encerrada? Entonces haz pedazos tu mortero y destruye la roca. Haz sitio para tu único instante. Está bien. —Él mismo no alcanzaba a comprender con claridad lo que estaba diciendo; pero lo espoleaba el oscuro impulso de expresar algo que inmediatamente se le escapó de nuevo—. Yo… sólo hago quÃmica. Conozco la materia y… me entiendo con ella; eso es todo. La materia se desmigaja en el aire y en el agua: se desintegra, fermenta, se pudre, arde, absorbe oxÃgeno o se descompone, pero nunca, escuchadme bien, nunca libera en el proceso todo lo que contiene. Incluso si recorriera todo el ciclo, si un polvillo de tierra se encarnara en una planta y en carne viva y se convirtiera en una célula pensante del cerebro de Newton, y muriera con él y se descompusiera de nuevo, incluso entonces, no habrÃa liberado todo. Pero obligadla… a la fuerza, a saltar en pedazos y desatarse: mirad, ha explotado en una milésima de segundo; ahora, ahora, por primera vez, ha hecho uso de toda su capacidad. Quizás ni siquiera estaba durmiendo; únicamente estaba aprisionada y se asfixiaba, luchaba en la oscuridad y esperaba a que llegara su momento. ¡De liberar todo! Es su derecho. Yo, yo también he de liberar todo. ¿Es que sólo puedo desintegrarme y esperar… fermentar impuro… y hacerme migajas sin liberar nunca… de repente… a un hombre completo? Prefiero… para eso prefiero, en un único momento cumbre…, y a pesar de todo… Porque yo creo que está bien liberarlo todo. Sea bueno o malo. Todo está entremezclado en mi interior: lo bueno, y lo malo, y lo sublime. Todo aquél que está vivo hace el bien y el mal, como si se desmenuzara. Yo he hecho lo uno y lo otro; pero ahora… debo liberar lo sublime. Ésa es la redención del hombre. No se encuentra en ninguna de las cosas que he hecho; está enmarañado en mi interior… como en el interior de una piedra. De modo que debo hacerme pedazos… mediante el poder… del mismo modo que se hace pedazos un cartucho. Y no voy a preguntar qué es lo que hago saltar por los aires en el proceso. Porque existÃa la necesidad… yo tenÃa la necesidad de liberar lo sublime.