La krakatita
La krakatita Daimon se apresuró a llegar a casa.
—¿Dónde está exactamente Grottup? —inquirió Prokop de buenas a primeras cuando hubieron llegado abajo.
—Venga —dijo Daimon—, se lo enseñaré.— Lo condujo a uno de los despachos de la fábrica, junto a un mapa colgado en la pared—. Ahà —señaló con una enorme uña sobre el mapa, subrayando un pequeño redondel—. ¿No quiere beber algo? Le ayudará a entrar en calor. —Sirvió en dos vasos, uno para él y otro para Prokop, un lÃquido oscuro como la pez—. Salud.
Prokop se echó la copichuela al coleto y se atragantó: aquello era como hierro incandescente y amargo como la quinina. La cabeza le daba vueltas con un vértigo desmesurado.
