La krakatita
La krakatita Los caminos del mundo se retuercen de un modo curioso. Si sumaras todos tus pasos y tus viajes, ¡qué intrincado dibujo resultarÃa! Porque con nuestros pasos dibujamos nuestro propio mapa de la tierra.
Era ya de noche cuando Prokop se plantó ante la valla enrejada de la fábrica grottupiana. Era un extenso campo lleno de edificios, iluminado por las nebulosas esferas de farolas arqueadas. TodavÃa habÃa luz en una o dos ventanas. Prokop introdujo la cabeza entre los barrotes de la verja y gritó: «¡Hola!». Se acercó un portero, o un vigilante.
—¿Qué es lo que quiere? No se puede pasar al interior.
—Disculpe, ¿está todavÃa ahà el ingeniero TomeÅ¡?
—¿Qué quiere de él?
—Debo hablar con él.
—… El señor Tomeš está aún en el laboratorio. No puede hablar con él.
—DÃgale… dÃgale que le está esperando su amigo Prokop…, que tiene que darle algo.
—Aléjese de la verja —refunfuñó el hombre, y llamó a alguien.
Después de un cuarto de hora llegó corriendo a la verja alguien con una larga bata blanca.
—¿Eres tú, Tomeš? —lo llamó Prokop a media voz.
