La krakatita
La krakatita —No, soy el técnico de laboratorio. El señor ingeniero no puede acudir. El señor ingeniero tiene entre manos un trabajo importante. ¿Qué es lo que desea?
—Debo hablar con él sin falta.
El técnico, un hombrecillo corpulento y vivaz, se encogió de hombros.
—Disculpe, es imposible. El señor Tomeš hoy no puede ni por un segundo…
—¿Están fabricando la krakatita?
El técnico resopló con desconfianza.
—¿A usted qué le importa?
—Tengo que… prevenirle de algo. Debo entregarle algo.
—Puede dármelo a mÃ. Yo se lo llevaré.
—No, yo… se lo daré únicamente a él. DÃgale…
—Entonces se lo puede quedar. —El hombre con la bata blanca dio media vuelta y se marchó.
—¡Espere! —lo llamó Prokop—. Dele esto. ComunÃquele… comunÃquele… —Sacó del bolsillo el famoso sobre abultado y se lo dio a través de la verja. El técnico lo cogió entre sus dedos con suspicacia, y Prokop se sintió como si acabara de romper algo—. DÃgale que… que lo estoy esperando aquÃ, que le ruego que… ¡que venga!
—Se lo daré —dijo cortante el técnico, y se marchó.