Mentira
Mentira Esa ausencia la empujó al borde de una decisión que cambiaría todo: no iba a quedarse esperando. Si Marcelo no iba a mostrarse, ella iría tras él.
Con el corazón en un puño, Xenia encendió su computadora y buscó en cada rincón de internet, juntando las piezas dispersas de un rompecabezas que apenas comenzaba a formar.
El abismo había comenzado a llamarla, y Xenia, sin darse cuenta, ya estaba cayendo en él.
Xenia no era de las que se daban por vencidas fácilmente. Si Marcelo no aparecía, ella lo buscaría. La investigación comenzó con los pocos datos que tenía: su nombre, su correo y el instituto Ricard Salvat.
Sentada frente a la computadora, con la pantalla bañada en luz azul en medio de la penumbra de su habitación, Xenia navegaba entre perfiles, foros y bases de datos. Cada pista que seguía parecía llevarla a un callejón sin salida, pero no se permitía detenerse.
—Esto es una locura —murmuró una noche, mientras su madre pasaba por el pasillo y le lanzaba una mirada desconfiada.
—¿Qué haces despierta a estas horas, Xenia? —preguntó, pero no esperó respuesta.
La verdad era que tampoco sabía qué buscaba exactamente. Solo sabía que Marcelo tenía que ser real. Tenía que serlo.
