Las madres (La novia gitana 4)
Las madres (La novia gitana 4) El enemigo ya los ha marcado. Y ha comenzado a mover los engranajes de su maquinaria. La pregunta es: ¿quién será el siguiente?
La lista no miente. Es una invitación al infierno escrita con tinta de sangre. Nombres. Apellidos. Todos marcados por la misma sombra. Las piezas comienzan a encajar con una precisión escalofriante. La BAC ya no investiga asesinatos aislados. Está ante una estructura piramidal, perfectamente diseñada. En la cima, una entidad llamada “Las madres”.
—No son una secta —aclara María Joy—. Son algo más peligroso: una institución.
Elena Blanco, siempre escéptica ante lo irracional, se ve obligada a aceptar que lo que enfrenta no es solo corrupción. Es fe. Pero una fe torcida, alimentada por la desesperación, la infertilidad, el poder. Las madres acogen a mujeres desesperadas por tener hijos, y les ofrecen milagros... a cambio de obediencia ciega.
Violeta reaparece. Ha sido localizada gracias a una pista anónima que resulta ser un acto de traición: Néstor, su antiguo novio y carcelero, la ha vendido. Ella no quiere hablar. Está rota. Pero Elena, con paciencia, logra abrir la grieta.
—Me dieron techo. Comida. Me dijeron que era especial. Que iba a ayudar a traer vidas al mundo.
—¿Y qué trajiste? —pregunta Elena.
