A traves del espejo
A traves del espejo -¿Te encontraste con alguien por el camino? -continuó el Rey extendiendo la mano para que el mensajero le diera más heno. -A nadie -reveló el mensajero.
-Eso cuadra perfectamente -asintió el Rey-pues esta jovencita también vio a Nadie. Asà que, naturalmente, Nadie puede andar más despacio que tú.
-¡Hago lo que puedo! -se defendió el mensajero malhumorado. -¡Estoy seguro de que nadie anda más rápido que yo!
-Eso no puede ser -contradijo el Rey-pues de lo contrario habrÃa llegado aquà antes que tú. No obstante, ahora que has recobrado el aliento, puedes decirnos lo que ha pasado en la ciudad.
-Lo diré en voz baja -dijo el mensajero, llevándose las manos a la boca a modo de trompetilla, e inclinándose para hablar en la misma oreja del Rey. Alicia lo sintió porque también ella querÃa enterarse de las noticias. Sin embargo, en vez de cuchichear, el mensajero gritó a todo pulmón: --¡¡Ya están armándola otra vez!!
-¡¿A eso le llamas hablar en voz baja?! -gritó el Rey dando brincos y sacudiéndose como podÃa. -¡Si vuelves a hacer una cosa asà haré que te unten de mantequilla! ¡Me ha atravesado de un lado a otro de la cabeza como si hubiese tenido un terremoto dentro!