A traves del espejo
A traves del espejo -¿Lo pasaste bien en la cárcel, viejito querido? -le preguntó Haigha. El sombrerero se volvió de nuevo, pero esta vez unos lagrimones le rodaron por la mejilla; pero de hablar, nada.
-¡A ver si hablas de una vez! -le espetó impacientado Haigha. Pero el sombrerero continuó mascando tan campante y sorbiendo su te.
-¡A ver si hablas de una vez! -le gritó el Rey. -¿Cómo va esa pelea? El sombrerero hizo un esfuerzo desesperado y logró tragar un trozo bien grande de pan y mantequilla que tenía aún en la boca.
-Se las están arreglando muy bien los dos -respondió, atragantándose-. Ambos han mordido el polvo unas ochenta y siete veces.
-Entonces, supongo que estarán a punto de traer el pan y la borona -se atrevió a observar Alicia.
Ahí está esperando a que acaben -dijo el sombrerero-; yo me estoy comiendo un trocito.
Se produjo entonces una pausa en la pelea y el león y el unicornio se sentaron en el suelo, jadeando, lo que aprovechó el Rey para darles una tregua, proclamando a voces: -¡Diez minutos de refresco!
Haigha y Hatta se pusieron inmediatamente a trabajar pasando bandejas de pan negro y blanco. Alicia se sirvió un poco para probar, pero estaba muy seco.