A traves del espejo
A traves del espejo -¡Una victoria gloriosa! ¿no te parece? -le dijo el caballero blanco a Alicia mientras se acercaba jadeando.
-Pues no sé qué decirle -le contestó Alicia con algunas dudas-. No me gustarÃa ser la prisionera de nadie; lo que yo quiero es ser una reina. -Y lo serás: cuando hayas cruzado el siguiente arroyo -le aseguró el caballero blanco-. Te acompañaré, para que llegues segura, hasta la linde del bosque; pero ya sabes que al llegar allá tendré que volverme, pues ahà se acaba mi movimiento.
-Pues muchÃsimas gracias -dijo Alicia-. ¿Quiere que le ayude a quitarse el yelmo? -evidentemente no parecÃa que el caballero pudiera arreglárselas él solo; pero Alicia lo logró al fin, tirando y librándolo a sacudidas.
-¡Ahora sà que puede uno respirar! -exclamó el caballero alisándose con ambas manos los pelos largos y desordenados de su cabeza y volviendo la cara amable para mirar a Alicia con sus grandes ojos bondadosos. Alicia pensó que nunca en toda su vida habÃa visto a un guerrero de tan extraño aspecto.