A traves del espejo
A traves del espejo -Pero si todo el mundo siguiera esa regla -objetó Alicia que estaba siempre dispuesta a discutir un poco-y si usted sólo hablara cuando alguien le hablase, y si la otra persona estuviera siempre esperando a que usted empezara a hablar primero, ya ve: nadie diría nunca nada, de forma que...
-¡Ridículo! -gritó la Reina-. ¡Niña! ¡Es que no ves que...? -pero dejó de hablar, frunciendo las cejas y después de cavilar un poco, cambió súbitamente el tema de la conversación-. ¿Qué has querido decir con eso de que «si de verdad eres una Reina»? ¿Con qué derecho te atribuyes ese título? ¿Es que no sabes que hasta que no pases el consabido examen no puedes ser Reina? Y cuanto antes empecemos, ¡mejor para todos!
-Pero si yo sólo dije que «si fuera»... -se excusó Alicia lastimeramente. Las dos reinas se miraron, y la roja observó con un respingo: -Dice que sólo dijo que «si fuera»... -¡Pero si ha dicho mucho más que eso! -gimió la Reina blanca, retorciéndose las manos-. ¡Ay! ¡Tanto, tanto más que eso! -Así es; ya lo sabes -le dijo la Reina roja a Alicia-. Di siempre la verdad..., piensa antes de hablar..., no dejes de anotarlo todo siempre después.