A traves del espejo
A traves del espejo -¿Sabe usted? En el día de hoy me han recitado una gran cantidad de poemas -empezó diciendo Alicia, un poco asustada al ver que en el momento en que abría los labios se producía un silencio de muerte y que todos los ojos se fijaban en ella-y me parece que hay algo muy curioso..., que todos ellos tuvieron algo que ver con pescados. ¿Puede usted decirme por qué gustan tanto los peces a todo el mundo de por aquí?
Le decía esto a la Reina roja, cuya respuesta se alejó un tanto del tema. -Respecto al pescado -dijo muy lenta y solemnemente, acercando mucho la boca al oído de Alicia-Su Blanca Majestad sabe una adivinanza..., toda en rima..., y toda sobre peces... ¿Quieres que te la recite?
-Su Roja Majestad es muy amable de sacarlo a colación -murmuró la Reina blanca al otro oído de Alicia, arrullando como una paloma-. Me gustaría tanto hacerlo..., ¿no te importa?
-No faltaba más -concedió Alicia, con mucha educación. La Reina blanca sonrió alegremente de lo contenta que se puso y acarició a Alicia en la mejilla. Empezó entonces:
Primero, hay que pescar al pez; Cosa fácil es: hasta un niño recién nacido sabría hacerlo.
Luego, hay que comprar al pez;
Cosa fácil es: hasta con un penique podría lograrlo.