A traves del espejo
A traves del espejo -¡Pues claro que podemos hablar! -rompió a decir el lirio-, pero sólo lo hacemos cuando hay alguien con quien valga la pena de hacerlo. Alicia se quedó tan atónita que no pudo decir ni una palabra durante algún rato: el asombro la dejó sin habla. Al final, y como el lirio sólo continuaba meciéndose suavemente, se decidió a decirle con una voz muy tímida, casi un susurro: -¿Y puedan hablar también las demás flores?
Tan bien como tú -replicó el iris-, y desde luego bastante más alto que tú.
-Por cortesía no nos corresponde a nosotras hablar primero, ¿no es verdad? -dijo la rosa-. pero ya me estaba yo preguntando cuándo ibas a hablar de una vez, pues me decía: «por la cara que tiene, a esta chica no debe faltarle el seso, aunque no parezca tampoco muy inteligente». De todas formas tienes el color adecuado y eso es, después de todo, lo que más importa.
-A mí me trae sin cuidado el color que tenga -observó el lirio-. Lo que es una lástima es que no tenga los pétalos un poco más ondulados, pues estaría mucho mejor.
A Alicia no le estaba gustando tanta crítica, de forma que se puso a preguntarles cosas: -¿A vosotras no os da miedo estar plantadas aquí solas sin nadie que os cuide?
-Para eso está ahí en medio el árbol -señaló la rosa-. ¿De qué serviría si no?