A traves del espejo
A traves del espejo Lo más curioso de todo es que los árboles y otros objetos que estaban alrededor de ellas nunca variaban de lugar: por más rápido que corrieran nunca lograban pasar un solo objeto.
«-¿Será que todas las cosas se mueven con nosotras?» -se preguntó la desconcertada Alicia.
Y la Reina pareció leerle el pensamiento, pues le gritó: -¡Más rápido! ¡No trates de hablar!
Y no es que Alicia estuviese como para intentarlo, sentÃa como si no fuera a poder hablar nunca más en toda su vida, tan sin aliento se sentÃa. Y aún asà la Reina continuaba jaleándola: -¡Más! ¡Más rápido! -y la arrastraba en volandas.
-¿Estamos llegando ya? -se las arregló al fin Alicia para preguntar. -¿Llegando ya? -repitió la Reina-. ¡Pero si ya lo hemos dejado atrás hace más de diez minutos! ¡Más rápido! -y continuaron corriendo durante algún rato más, en silencio y a tal velocidad que el aire le silbaba a Alicia en los oÃdos y parecÃa querer arrancarle todos los pelos de la cabeza, o asà al menos le pareció a Alicia.