A traves del espejo
A traves del espejo -¡Sí que tenía gracia aquello -solía decir Alicia cuando le contaba luego a su hermana toda esta historia-encontrarme de pronto cantando en corrillo «que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva»! La cosa es que no sé exactamente cuándo empecé a hacerlo, pero entonces ¡sentía como si lo hubiese estado cantando durante mucho, mucho tiempo! Como los otros dos bailarines eran gordos, pronto se quedaron sin aliento. -Cuatro vueltas son suficientes para esta danza -jadeó trabajosamente Tweedledum; y dejaron de bailar tan súbitamente como habían empezado; también se interrumpió la música al mismo tiempo. Ambos soltaron entonces las manos de Alicia y se la quedaron contemplando durante un minuto: se produjo una pausa un tanto azarante, pues Alicia no sabía cómo iniciar una conversación con unas personas con las que acababa de estar bailando. -Este sí que no es el momento de decir «hola, ¿como estás?» - se dijo a s i misma. Me parece que ya hemos superado esta etapa.
-Espero que no estéis demasiado cansados -dijo Alicia al fin. -¡De ninguna manera! Pero mil gracias por tu interés -contestó Tweedledum.
-¡Muy agradecido!- añadió Tweedledee. -Te gusta la poesía? -Pues... si, bastante... algunos poemas -dijo Alicia sin mucha convicción.- ¿Querríais decirme qué camino he de tomar para salir del bosque?