A traves del espejo
A traves del espejo -Pero, ¿puede que llueva aquí fuera? -Pues... si así se le antoja... -dijo Tweedledee-Por lo que a nosotros nos toca, no hay reparo... ¡Por el contrario!
-¡Qué tipos más egoístas! -pensó Alicia y estaba ya a punto de darles unas «buenas noches» muy secas y volverles la espalda para marcharse cuando Tweedledum saltó de donde estaba bajo el paraguas y la agarró violentamente por la muñeca.
-¡¿Ves eso?! -le preguntó con una voz ahogada por la ira y con unos ojos que se le ponían más grandes y más amarillos por momentos, mientras señalaba con un dedo tembloroso hacia un pequeño objeto blanco que yacía bajo un árbol.
-No es más que un cascabel -dijo Alicia después de examinarlo cuidadosamente-¡pero no vayas a cree que es una serpiente de cascabel! -añadió apresuradamente, pensando que a lo mejor era eso lo que le excitaba tanto: no es más que un viejo sonajero... bastante viejo y roto.
-¡Lo sabía! ¡Lo sabía! -gritó Tweedledum y empezó a dar unas pataletas tremendas y a arrancarse el pelo a puñados-. ¡Está estropeado, por supuesto! -y al decir esto miró hacia donde estaba Tweedledee, quien inmediatamente se sentó en el suelo e intentó esconderse bajo el enorme paraguas.