A traves del espejo
A traves del espejo -Cuando me sujete el mantón de nuevo -gimió la pobre Reina. -El broche se me va a desprender de un momento a otro, ¡ay, ay! -y no acababa de decirlo cuando el broche se le abrió de golpe y la Reina lo agarró frenéticamente para abrocharlo de nuevo.
-¡Cuidado! -le gritó Alicia-¡que lo está agarrando por el lado que no es! -y quiso ponérselo bien; pero era ya demasiado tarde: se habÃa abierto el gancho y la Reina se pinchaba el dedo con la aguja.
-Eso explica que sangrara antes -le dijo a Alicia con una sonrisa. --Ahora ya sabes cómo suceden las cosas por aquÃ.
-Pero, ¿y por qué no grita de dolor ahora? -le preguntó Alicia, preparándose para llevarse las manos otra vez a los oÃdos.
-¿Para qué?, si ya me estuve quejando antes todo lo que querÃa --contestó la Reina, -¿de qué me servirÃa hacerlo ahora todo de nuevo? Para entonces comenzaba a clarear. -Me parece que el cuervo debe haberse marchado volando a otra parte -dijo Alicia. -¡Cuánto me alegro de que se haya ido! Pensé que se estaba haciendo de noche.
-¡Cómo me gustarÃa a mà poder alegrarme asÃ! -comentó la Reina. -Lo que pasa es que nunca me acuerdo de las reglas para conseguirlo. ¡Has de ser muy feliz, viviendo aquà en este bosque y poniéndote alegre siempre que quieres!