A traves del espejo
A traves del espejo -Me parece evidente que no tienes mucha práctica -replicó la Reina. --Cuando yo tenía tu edad, siempre solía hacerlo durante media hora cada día. ¡Cómo que a veces llegué hasta creer en seis cosas imposibles antes del desayuno! ¡Allá va mi mantón de nuevo!
Se le había abierto el broche mientras hablaba y una súbita bocanada de viento le voló el mantón y se lo llevó más allá de un pequeño arroyo.
La Reina volvió a abrir los brazos en cruz y salió volando tras el y esta vez logró recobrarlo ella misma.-¡Ya lo tengo! -exclamó triunfalmente. -¡Ahora verás cómo me lo pongo y me lo sujeto otra vez, yo solita! -Entonces espero que se le haya curado el dedo aquel-contestó Alicia muy cortésmente mientras cruzaba ella también el arroyo en pos de la Reina.
-¡Ay, está mucho mejor! -gritó la Reina y la voz se le iba elevando hasta convertirse en un gritito muy agudo, mientras continuaba diciendo: --¡Mucho mee-ejor! ¡Mee-jor! ¡Mee-ee-jor! ¡Mee...eeh! -Esto último terminó en un auténtico balido, tan de oveja que Alicia se quedó de una pieza.