Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo —Un poco de cariño…, y unos tirabuzones en el pelo…, es todo lo que está pidiendo.
La Reina blanca dio un profundo suspiro y recostó la cabeza sobre el hombro de Alicia.
—Tengo tanto sueño —gimió.
—¡Está cansada, pobrecita ella! —Se compadeció la Reina roja—. AlÃsale el pelo…, préstale tu gorro de dormir…, y arrúllala con una buena canción de cuna.
—No llevo gorro de dormir que prestarle —dijo Alicia intentando obedecer la primera de sus indicaciones— y tampoco sé ninguna buena canción de cuna con qué arrullarla.
—Lo tendré que hacer yo, entonces —dijo la Reina roja y empezó:
Duérmete mi Reina
sobre el regazo de tu Alicia.
Haz que esté lista la merienda
tendremos tiempo para una siesta.
Y cuando se acabe la fiesta
nos iremos todas a bailar,
La Reina blanca, y la Reina roja,
Alicia y todas las demás.
—Y ahora que ya sabes la letra —añadió recostando la cabeza sobre el otro hombro de Alicia— no tienes más que cantármela a mÃ; que también me está entrando el sueño.