Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo Y todos los invitados se pusieron inmediatamente a beber…, pero, ¡de qué manera más extraña! Unos se colocaban las copas sobre sus cabezas, como si se tratara del cono de un apagador, bebiendo lo que les chorreaba por la cara… Otros voltearon las jarras y se bebÃan el vino que corrÃa por los ángulos de la mesa…, y tres de ellos (que parecÃan más bien canguros) saltaron sobre la fuente del cordero asado y empezaron a tomarse la salsa a lametones.
«¡Como si fueran cerdos en su pocilga!» —pensó Alicia.
—DeberÃas dar ahora las gracias con un discursito bien arreglado —dijo la Reina roja dirigiéndose a Alicia con el entrecejo severamente fruncido.
—A nosotras nos toca apoyarte bien, ya sabes —le aseguró muy por lo bajo la Reina blanca a Alicia, mientras ésta se levantaba para hacerlo, muy obedientemente, pero algo asustada.
—Muchas gracias —susurró Alicia respondiéndole— pero me las puedo arreglar muy bien sola.
—¡Eso sà que no puede ser! —pronunció la Reina roja con mucha determinación.
Asà que Alicia intentó someterse a sus esfuerzos del mejor grado posible.