Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo 
—Su Roja Majestad no debiera de ronronear tan fuertemente —dijo Alicia, frotándose los ojos y dirigiéndose al gatito, respetuosamente pero con alguna severidad—. Me has despertado y, ¡ay, lo que estaba soñando era tan bonito! Y has estado conmigo, gatito, todo este tiempo, en el mundo del espejo, ¿lo sabÃas, querido?
Los gatitos tienen la costumbre, muy inconveniente (habÃa dicho Alicia en alguna ocasión) de ponerse siempre a ronronear les digas lo que les digas.
—Si tan sólo ronronearan cuando dicen «sû y maullaran cuando dicen «no», o cualquier otra regla por el estilo —habÃa dicho— lo que sea para poder conversar. ¡Pero no! ¿Cómo puede una hablar con una persona que se empeña en decir siempre la misma cosa?
En esta ocasión el gatito sólo ronroneó y era imposible saber si estaba diciendo que «sû o que «no».
Asà que Alicia se puso a rebuscar por entre las figuras del ajedrez hasta que encontró a la Reina roja; entonces se arrodilló sobre la alfombra delante de la chimenea y colocó al gatito y a la Reina uno frente a la otra:
—¡Ahora dime, minino! —exclamó batiendo palmas—. ¡Confiesa que te convertiste en ésta!
