Alicia a través del espejo
Alicia a travĂ©s del espejo —Bueno, al menos vale la pena —dijo mientras se adentraba bajo los árboles—, despuĂ©s de haber pasado tanto calor, entrar aquĂ en este… en este… Âżen este quĂ©? —repetĂa bastante sorprendida de no poder acordarse de cĂłmo se llamaba aquello—. Quiero decir, entrar en el … en el… bueno… vamos, ¡aquĂ dentro! —afirmĂł al fin, apoyándose con una mano sobre el tronco de un árbol—. ÂżCĂłmo se llamará todo esto? Estoy empezando a pensar que no tenga ningĂşn nombre… ¡Como que no se llama de ninguna manera!
Se quedĂł parada ahĂ pensando en silencio y continuĂł sĂşbitamente sus cavilaciones:
—Entonces, ¡la cosa ha sucedido de verdad, después de todo! Y ahora, ¿quién soy yo? ¡Vaya que si me acordaré! ¡Estoy decidida a hacerlo!
Pero de nada le valĂa toda su determinaciĂłn y todo lo que pudo decir, despuĂ©s de mucho hurgarse la memoria, fue:
—L. ¡Estoy segura de que empieza por L!
En ese preciso momento se acercĂł un cervatillo a donde estaba Alicia; se puso a mirarla con sus tiernos ojazos y no parecĂa estar asustado en absoluto.
—¡Ven! ¡Ven aquĂ! —le llamĂł Alicia, alargando la mano e intentando acariciarlo; pero el cervatillo se espantĂł un poco y apartándose unos pasos se la quedĂł mirando.