Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo Alicia se quedó mirando por donde huía, casi a punto de romper a llorar, tal era la pena que le había causado perder tan súbitamente a un compañero de viaje tan amoroso.
—En todo caso —dijo— al menos ya me acuerdo de cómo me llamo, y eso me consuela un poco: Alicia… Alicia… y ya no he de olvidar. Y ahora, vamos a ver cuál de esos postes indicadores he de seguir, ¿por dónde habré de ir?
No era una cuestión demasiado difícil de resolver, pues sólo había un camino por el bosque y los dos postes señalaban, con los índices de sus dos manos indicadoras, en la misma dirección.
—Lo decidiré —se dijo Alicia— cuando el camino se bifurque y señalen en direcciones contrarias.
Pero aquello no tenía trazas de suceder. Siguió adelante, andando y andando, durante un buen trecho y, sin embargo, cada vez que el camino se bifurcaba, siempre se encontraba con los mismos indicadores, los índices de sus respectivas manos apuntando en la misma dirección. Uno decía:
A CASA DE TWEEDLEDUM
y el otro:
A CASA DE TWEEDLEDEE