Alicia a través del espejo
Alicia a travĂ©s del espejo —¡Ay, pero quĂ© malĂsima que es esta criatura!— exclamĂł Alicia agarrando al gatito y dándole un besito para que comprendiera que habĂa caĂdo en desgracia.— ¡Lo que pasa es que Dina debiera de enseñarles mejores modales! ¡SĂ señora, debieras haberlos educado mejor, Dina! ¡Y además creo que lo sabes! añadiĂł dirigiendo una mirada llena de reproches a la vieja gata y hablándole tan severamente como podĂa… y entonces se encaramĂł en su butaca llevando consigo al gatito y el cabo del hilo de lana para empezar a devanar el ovillo de nuevo. Pero no avanzaba demasiado de prisa ya que no hacĂa más que hablar, a veces con el minino y otras consigo misma. El gatito se acomodĂł, muy comedido, sobre su regazo pretendiendo seguir con atenciĂłn el progreso del devanado, extendiendo de vez en cuando una patita para tocar muy delicadamente el ovillo; como si quisiera echarle una mano a Alicia en su trabajo.
—¿Sabes quĂ© dĂa será mañana? —empezĂł a decirle Alicia—. Lo sabrĂas si te hubieras asomado a la ventana conmigo… sĂłlo que como Dina te estaba lavando no pudiste hacerlo. Estuve viendo cĂłmo los chicos reunĂan leña para la fogata… ¡y no sabes la de leña que hace falta, minino! Pero hacĂa tanto frĂo y nevaba de tal manera que tuvieron que dejarlo. No te preocupes, gatito, que ya veremos la hoguera mañana!