Alicia a través del espejo
Alicia a través del espejo —Ahà es donde te equivocas de todas todas —le aseguró la Reina—. ¿Te han castigado a ti alguna vez?
—Sólo por travesuras —se excusó Alicia. —¡Y estoy segura de que te sentó muy bien el castigo! —concluyó triunfante la Reina.
—SÃ, pero es que yo sà que habÃa cometido las cosas por las que me castigaron —insistió Alicia— y en eso estriba la diferencia.
—Pero si no las hubieses cometido —replicó la Reina— eso te habrÃa sentado mucho mejor aún. ¡Mucho mejor, muchÃsimo mejor! Pero es que, ¡muchÃsimo mejor!
Con cada «mejor» iba elevando más y más el tono de voz hasta que al final no se oÃa más que un gritito muy agudo.
Alicia iba precisamente a replicarle que:
—Debe de haber algún error en todo eso…
Cuando la Reina empezó a dar unos alaridos tan fuertes que tuvo que dejar la frase sin terminar.
—¡Ay, ay, ay! —aullaba la Reina sacudiéndose la mano como si quisiera que se le soltara.
—¡Me está sangrando el dedo! ¡Ay, ay, ay, ay! Sus alaridos se parecÃan tanto al silbato de una locomotora que Alicia tuvo que taparse los oÃdos con ambas manos.
—Pero, ¿qué es lo le pasa? —le preguntó cuando encontró una ocasión para hacerse oÃr.