La caza del snark
La caza del snark EL SUEÑO DEL ABOGADO
Lo buscaron con dedales, lo buscaron con cuidado.
Lo persiguieron con tenedores y con esperanza.
Lo amenazaron con una acción de los ferrocarriles.
Lo cautivaron con sonrisas y jabón.
Pero el abogado, harto de demostrar —sin que nadie le
hiciera caso— que el castor delinquía con sus labores de
encaje, se durmió. Y en sueños vio claramente la criatura
que en su fantasía hacía tanto tiempo que habitaba.
Soñó que estaba en un sombrío tribunal
donde el snark, con un monóculo, toga y peluca,
defendía a un pobre cerdo
acusado de abandonar su pocilga.
Los testigos demostraron, sin duda ni error,
que la pocilga estaba vacía;
mientras el juez, con tenue cantinela,
explicaba lo que la ley decía al respecto.
La acusación no llegó a formularse claramente.
Según parece, el snark había hablado
durante tres horas antes de que nadie pudiera imaginar
