La caza del snark
La caza del snark LA DESAPARICIÓN
Lo buscaron con dedales, lo buscaron con cuidado.
Lo persiguieron con tenedores y con esperanza.
Lo amenazaron con una acción de los ferrocarriles.
Lo cautivaron con sonrisas y jabón.
No querían ni pensar que la caza pudiese fracasar,
y el castor, emocionado al fin,
daba saltos impulsándose con la punta de su cola,
viendo cómo la luz dejaba paso a la oscuridad.
«¡Oíd —dijo el capitán… cómo grita el como-se-llame!
¡Grita como un loco!, ¡escuchad!
¡Hace gestos con las manos y con la cabeza!
¡Eso es que ha encontrado un snark!»
Le miraban extasiados y el carnicero decía:
«¡Siempre fue un gran bromista!».
Y le contemplaban, su panadero, su héroe sin nombre,
encaramado en lo alto de un picacho cercano.
Así estuvo un momento erguido y sublime.
Pero de pronto vieron cómo caía al precipicio,
enloquecido y presa de convulsiones.
Aterrados y anhelantes esperaron…
«Es un snark», fue el grito que llegó a sus oídos,
