Silvia y Bruno
Silvia y Bruno En segundo lugar, un libro de fragmentos seleccionados de la Biblia —no textos enteros, sino pasajes de diez a veinte versÃculos cada uno para su memorización. Dichos pasajes resultarÃan útiles para recitárselos a uno mismo y meditar sobre ellos, en muchas ocasiones en las que la lectura resulta difÃcil, si no imposible: por ejemplo, en las noches de insomnio en la cama; en un viaje en tren; durante un paseo solitario; en la vejez, cuando a uno le falla la vista o la ha perdido por completo y, lo mejor de todo, cuando la enfermedad, al tiempo que nos incapacita para leer o realizar cualquier otra actividad, nos condena a permanecer despiertos muchas horas tediosas y silenciosas: en momentos asÃ, con qué claridad resulta posible reparar en la verdad de la efusiva exclamación de David: «¡Oh, qué dulces son tus palabras a mi garganta: sÃ, más dulces que la miel a mi boca!».
He dicho «pasajes», en vez de textos enteros, porque no tenemos forma de recordar estos últimos: la memoria necesita anclas, y en ellos no hay ninguna; uno puede tener memorizados cien textos y no ser capaz de recordar, cuando lo desee, más de media docena —y sólo por mera casualidad—; mientras que, cuando se recuerda cualquier sección de un capÃtulo que ha sido aprendido de memoria, se puede recuperar el resto de él: todo forma una unidad coherente.