Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Un lugar a la sombra
Los diez dÃas transcurrieron rápidamente, y el dÃa antes de que tuviera lugar la gran fiesta, Arthur propuso que diésemos un paseo hasta el Hall, a tiempo para el té de la tarde.
—¿No serÃa mejor que fueses solo? —suger×. Seguramente estaré muy de más, ¿no?
—Bueno, será una especie de experimento —dijo—. ¡Fiat expertmentum in corpore vili![*] —agregó, con una graciosa reverencia de burlesca cortesÃa hacia la infortunada vÃctima—. Entiende que tendré que soportar la visión, mañana por la noche, de que mi amada se dedique a agradar a todo el mundo excepto a la persona apropiada, ¡y llevaré la agonÃa mucho mejor si realizamos antes un ensayo general!
—Siendo mi papel en la obra, al parecer, el de la persona inapropiada tipo, ¿cierto?
—Eh, no —negó Arthur en tono pensativo, cuando salÃamos—; no hay un rol asà en una compañÃa tÃpica. ¿«Padre circunspecto»? Ese no valdrá, ya está cogido. ¿«Doncella cantarina»? Bueno, la «primera dama» hace también ese papel. ¿«Viejo cómico»? No resultas lo bastante cómico. Después de todo, me temo que no queda otro papel para ti que el «villano elegante»; ¡aunque —añadió, con una miradita crÃtica— la ropa no me convence del todo!