Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Los zorritos
—Asà que, cuando llegaron a lo alto de la colina, Bruno abrió la cesta y sacó el pan, las manzanas y la leche, y se pusieron a comer y a beber. Y una vez que hubieron terminado con la leche y con la mitad del pan y de las manzanas, el cordero dijo: «¡Oh, qué pegajosas están mis patas! ¡Quiero lavármelas!». Y el león contestó: «Baja, entonces, la colina, y lávatelas en aquel arroyo. ¡Te esperaremos!».
—¡Nunca degdesó! —me susurró Bruno con aire serio.
Pero Silvia lo habÃa oÃdo.
—¡No susurres cosas, Bruno! ¡Arruina la historia! Pasado mucho rato sin que el cordero volviera, el león le dijo a Bruno: «¡Ve a ver qué le ha pasado a ese tonto corderito! Debe de haberse perdido». Y Bruno descendió la colina. Y al llegar al arroyo, vio al cordero sentado en la orilla, ¡y a su lado no habÃa sentado otro que un viejo zorro!
—No sé pod qué dices que «no habÃa otdo» —dijo Bruno con aire pensativo—. «Y a su lado habÃa sentado un viejo zoro».
