Brevísima relación de la destrucción de las Indias
Brevísima relación de la destrucción de las Indias En la isla de la Trinidad, que es mucho mayor que Sicilia y más felice, que está pegada con la tierra firme por la parte de Paria y que la gente della es de la buena y virtuosa en su género que hay en todas las Indias, yendo a ella un salteador el año de mil y quinientos y diez y seis con otros sesenta o setenta acostumbrados ladrones[144], publicaron a los indios que se venían a morar y vivir a aquella isla con ellos. Los indios recibiéronlos como si fueran sus entrañas y sus hijos, sirviéndoles señores y súbditos con grandísima afección y alegría, trayéndoles cada día de comer tanto que les sobraba para que comieran otros tantos, porque ésta es común condición y liberalidad de todos los indios de aquel Nuevo Mundo: dar excesivamente lo que han menester los españoles y cuanto tienen. Hácenles una gran casa de madera en que morasen todos, porque así la quisieron los españoles: que fuese una no más, para hacer lo que pretendían hacer e hicieron. Al tiempo que ponían la paja sobre las varas o madera y habían cobrido obra de dos estados, porque los de dentro no viesen a los de fuera, so color de dar priesa a que se acabase la casa, metieron mucha gente dentro della y repartiéronse los españoles: algunos fuera alderredor de la casa con sus armas, para los que se saliesen, y otros dentro, los cuales echan mano a las espadas y comienzan a amenazar los indios desnudos que no se moviesen, si no, que los matarían. Y comentaron a atar, y otros que saltaron para huir hicieron pedazos con las espadas. Algunos que salieron, heridos y sanos, y otros del pueblo que no habían entrado, tomaron sus arcos y flechas, y recógense a otra casa del pueblo para se defender, donde entraron ciento o docientos dellos; y defendiendo la puerta, pegan los españoles fuego a la casa y quémanlos todos vivos. Y con su presa, que sería de ciento y ochenta o docientos hombres que pudieron atar, vanse a su navío y alzan las velas y van a la isla de San Juan, donde venden la mitad por esclavos, y después a la Española, donde vendieron la otra. Reprehendiendo yo al capitán desta tan insigne traición y maldad, a la sazón en la mesma isla de San Juan, me respondió: «Andá, señor, que así me lo mandaron y me lo dieron por instrución los que me enviaron, que cuando no pudiese tomarlos por guerra, que los tomase por paz». Y en verdad que me dijo que en toda su vida había hallado padre ni madre, sino en la isla de la Trinidad, según las buenas obras que los indios le habían hecho. Esto dijo para mayor confusión suya y agravamiento de sus pecados. Déstas han hecho en aquella tierra firme infinitas, tomándolos y cativándolos sobre seguro. Véase qué obras son éstas y si aquellos indios ansí tomados si serán justamente hechos esclavos.