A mi madre
A mi madre I
Ya pasó la estación de los calores,
y lleno el rostro de áspera fiereza,
sobre los restos de las mustias flores,
asoma el crudo invierno su cabeza.
Por el azul del claro firmamento
tiende sus alas de color sombrío,
cual en torno de un casto pensamiento
sus alas tiende un pensamiento impío.
Y gime el bosque y el torrente brama,
y la hoja seca, en lodo convertida,
dale llorosa al céfiro a quien ama
la postrera, doliente despedida.
II
Errantes, fugitivas, misteriosas,
tienden las nubes presuroso el vuelo,
no como un tiempo cándidas y hermosas,
sí llenas de amargura y desconsuelo.
Más allá... más allá... siempre adelante
prosiguen sin descanso su carrera;
bañado en llanto el pálido semblante,
con que riegan el bosque y la pradera.
Que enojada la mar donde se miran
y oscurecido el sol que las amó,
sólo saben decir cuando suspiran:
Todo para nosotras acabó.
III
