Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Os iréis sin mÃ, Mésala, por aguas del Egeo, ¡Ay, ojalá, me recordéis, tú y tu séquito! Me retiene enfermo Feacia[331] en tierras desconocidas. Aparta sólo, negra Muerte, tus manos codi5 ciosas, apártalas, Muerte sombrÃa, por favor. No están aquà mi madre para recoger en su triste regazo mis huesos calcinados, ni mi hermana para derramar sobre mis cenizas perfumes asirios y llorar, con sus cabellos sueltos, ante mi sepulcro. Tampoco De10 lia, que, mientras me dejaba salir de la ciudad, habÃa consultado antes, dicen, a todos los dioses. Ella tres veces sacó los horóscopos[332] sagrados del chico de los sortilegios y él, de los tres, le confirmó respuestas ciertas. Todo aseguraba mi regreso. Sin embargo, nunca pudo contenerse de llorar y de mirar con in15 quietud mi viaje. Yo mismo intentando consolarla, una vez que habÃa dado ya la orden de marcha, angustiado, buscaba pretextos, sin cesar, que la demorasen; echaba la culpa a los auspicios o a presagios infaustos o que me habÃa retenido el dÃa[333] consa20 grado a Saturno. ¡Cuántas veces, iniciado el viaje, me he dicho: «Mi pie, que ha tropezado en la puerta, me está anunciando signos de mal agüero»! Nadie ose marcharse, si Amor no lo quiere, o que sepa que se ha ido con la prohibición del dios.
