Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Cuántas veces le aconsejé: «Con oro no manches tu belleza. Muchas veces suelen ocultarse bajo el oro numerosas desgracias. A todo el que, seducido por las riquezas, ha traiciona20 do el amor, le aguarda una Venus esquiva y rigurosa. Mejor márcame al fuego mi frente, hiere con un puñal mi costado y a latigazos corta mis espaldas. Si te dispones a pecar no esperes esconderte. Lo ve un dios que prohíbe que queden ocultos los 25 engaños. Este mismo dios permitió al esclavo, callado <por ley[378]›, que se expresara libremente después de haber bebido mucho. Este mismo dios ha dado órdenes de que los dormidos hablen y revelen, contra su voluntad, secretos que hubieran querido ocultar». Esto le decía. Ahora me avergüenzo de ha30 ber llorado mientras hablaba; ahora también de haberme echado de rodillas a sus tiernos pies.
Entonces me jurabas que ni por montones de rico oro, ni por piedras preciosas, querrías traicionar tus promesas, ni aunque se te otorgara en recompensa la tierra de Campania, ni aun 35 el Campo Falerno, cuidado de Baco. Con aquellas palabras me habrías hecho olvidar que las estrellas brillan en el cielo y que los cauces de un río pueden ser inclinados. Es más, hasta llorabas; pero yo, sin conocer tus engaños, enjugaba confiado tus mejillas que se iban humedeciendo.