Poemas & Elegias
Poemas & Elegias AsÃ, animándote el dios, empieza a aplicarte a grandes em135 presas: no sean tus triunfos los mismos que los de los demás. No te detendrá la Galia que te sale al paso con una guerra vecina, ni la osada Hispania de dilatadas tierras, ni el salvaje paÃs ocupado por el colono tereo[489], ni por donde el Nilo se desliza o 140 el Coaspes[490], agua de reyes, o el rápido Gindes[491], locura de Ciro, o por donde se seca el agua [caristia] en las llanuras araceas[492], ni por donde Támiris[493] limitó sus reinos con el libre Araxes, ni por donde el que celebra impÃos banquetes en crueles mesas, el padeo[494], vecino de Febo, tiene lejanas tierras y 145 por donde el Hebro y Tánais riegan a los getas y maginos[495]. ¿Por qué doy largas? Por donde Océano cierra el mundo con sus aguas, ningún paÃs se te opondrá con las armas en la mano. Te aguarda el britano no vencido por el Marte romano y tam150 bién la otra parte del mundo de la que nos separa el sol. Pues está asentada en el aire esparcido en torno a la tierra y se divide en cinco zonas por el globo entero. Y dos de ellas están siempre desiertas por el frÃo de sus hielos. Allà la tierra se hace invisible por una densa tiniebla y, empezado el deshielo, nin155 guna corriente llega a deslizarse en un manantial naciente, sino que endurecida se congela en hielo y en nieve espesa, como que allà jamás Titán envió sus rayos. Pero la central ha estado siempre sometida al calor de Febo, sea que se desplace más 160 próximo a las tierras en el ciclo estival, sea que rápido se apresure a hacer correr los dÃas invernales. Por consiguiente, la tierra no se remueve bajo la presión de la reja del arado, ni ofrecen su fruto los sembrados, ni pastos las tierras. Allà no cultiva sus campos ninguna divinidad, ni Baco, ni Ceres, ningunos se165 res vivos habitan estas zonas abrasadas. Está situada entre ella y los glaciales la zona fértil, que es la nuestra y la otra parte opuesta a este suelo nuestro, a las que, semejantes, la vecindad del cielo que las rodea de una y otra parte las modera, un clima neutraliza las fuerzas del otro. Por ello, plácido para nosotros 170 en sus estaciones, transcurre el año y por ello también aprendió a someter su cuello bajo el yugo el toro y flexible la vid a trepar hasta elevadas ramas. La cosecha anual de mieses maduras se siega y con hierro se labra la tierra; el mar se surca con bronce. Más aún, incluso se levantan ciudades rodeadas de 175 murallas. Asà pues, cuando tus hazañas reclamen deslumbrantes entradas triunfales, sólo tú serás llamado grande en ambos mundos a la vez.