Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha Es evidente también que Cervantes, como la casi totalidad de los escritores de su tiempo, tiene una intención moralizadora cuando satiriza los libros de caballerías y combate sus efectos entre los lectores ingenuos (el mismo personaje del Quijote es un lector ingenuo que confunde la ficción con la realidad). Según Cervantes, el arte, las letras, no pueden servir para perder contacto con la realidad, sino para profundizar en su comprensión. Este era el talante intelectual de los humanistas europeos de entonces, enemigos por lo general de toda clase de literatura de ficción y de divertimento. Pues bien, es sorprendente que el más certero ataque contra los «peligros morales» que entrañaba la lectura de libros de aventuras venga representado por otro libro de aventuras, y que a un género de ficción se lo combata con otro género de ficción.
Porque, con El Quijote, se consagraba una ficción de signo bien distinto: se trataba de un texto que narraba la vida, no de un héroe inverosímil, sino la de un vecino de un pueblo como otros muchos pueblos. En definitiva, se trataba de una ficción sobre la realidad. Veamos hasta qué extremo esto era una novedad importante.
EL REALISMO: UNA REVOLUCIÓN LITERARIA