Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha Más de un comentarista ha hecho notar, en este punto, que la locura del Quijote recuerda la locura de los caballeros de Cristo, empeñados en imitar a Cristo a raíz de la lectura de libros religiosos. Habrá que recordar que el propio Sancho observa que su amo tiene mucho de predicador laico. El paralelismo parece bastante acertado, pero no conviene llevarlo a unos extremos excesivamente literales, o perderemos de vista la clave de humor en que está escrita la novela. Mas la observación es oportuna, aunque sólo sea para poner de relieve el sentido oculto y humanista del catolicismo de Cervantes (quizás conocedor, ya lo hemos dicho, de la obra de Erasmo de Rotterdam), quien no por casualidad se permite toda clase de bromas y de pullas sobre las prácticas del catolicismo popular (reliquias, ex votos, penitencias, etc.). No obstante, nada hay en la obra de Cervantes que permita hablar seriamente de un humanismo reformado como el de los protestantes europeos, y sí, por el contrario, de una religiosidad ortodoxa y de una sensibilidad muy española y de su tiempo, que no se escandalizaba, por ejemplo, de la quema de libros en una especie de auto de fe.