Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha Desocupado lector:
Quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido contravenir la naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y asÃ, ¿qué podrá engendrar mi ingenio sino la historia de un hijo seco, avellanado y antojadizo, el cual se engendró en la cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido hace su habitación?
Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote, no quiero suplicarte, como otros hacen, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres, y asà puedes decir de la historia todo aquello que te apeteciere.