Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha 
Será bien dejar a don Quijote envuelto entre sus suspiros y versos, para contar lo que le ocurrió a Sancho Panza en su encargo. Y fue que, en saliendo al camino real, se puso en busca del Toboso, y al siguiente día llegó a la venta donde le había sucedido la desgracia de la manta, y no quiso entrar, aunque llevaba el deseo de gustar algo caliente, que hacía grandes días que todo lo que comía era fiambre.
Estando en esto, salieron de la venta dos personas que le conocieron. Y bien que habían de conocerle, como que eran el cura y el barbero de su lugar, los que hicieron el auto de fe de los libros. Los cuales, deseosos de saber de don Quijote, le llamaron por su nombre, diciéndole:
—Amigo Sancho Panza, ¿adónde queda vuestro amo?
Conociolos entonces Sancho Panza, y determinó encubrir el lugar y la suerte dónde y cómo su amo quedaba; y así les respondió que su amo quedaba ocupado en cierta parte y en cierta cosa de mucha importancia, la cual él no podía descubrir.
—No, no —dijo el barbero—, Sancho Panza. Si vos no nos decís dónde queda, imaginaremos, como ya imaginamos, que vos le habéis muerto y robado.