Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha 
Quiso Dorotea, de camino, relatar su historia, y todos se le acercaron, deseosos de ver cómo la fingía, y lo mismo hizo Sancho, que tan engañado iba con ella como su amo. Y ella, con mucho donaire, comenzó a decir de esta manera:
—Mi padre, el rey de Micomicón, fue muy docto en eso que llaman el arte mágica, y descubrió con su ciencia que yo había de quedar huérfana de padre y madre. Y dio por cosa muy cierta que un descomunal gigante, llamado Pandafilando de la Fosca Vista, había de pasar sobre mi reino y me lo había de quitar todo. Dijo mi padre que, si quería evitar la destrucción de mis buenos vasallos, no había de defenderme, sino que me pusiese en camino de las Españas, donde hallaría a un caballero andante, el cual se había de llamar, si mal no me acuerdo, don Azote, o don Bigote.
—Don Quijote, diría, señora —dijo a esta sazón Sancho Panza.
—Así es —dijo Dorotea—. Y dijo más, porque dejó escrito que, si este caballero de la profecía, después de haber degollado al gigante, quisiese casarse conmigo, le diese posesión de mi reino, junto con la de mi persona.
