El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha El ventero, que vio a don Quijote atravesado en el asno, preguntó a Sancho qué mal traÃa. Sancho le respondió que no era nada, sino que habÃa dado una caÃda de una peña abajo, y que venÃa algo brumadas las costillas. TenÃa el ventero por mujer a una, no de la condición que suelen tener las de semejante trato, porque naturalmente era caritativa y se dolÃa de las calamidades de sus prójimos; y asÃ, acudió luego a curar a don Quijote y hizo que una hija suya, doncella, muchacha y de muy buen parecer, la ayudase a curar a su huésped. ServÃa en la venta, asimesmo, una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta y del otro no muy sana. Verdad es que la gallardÃa del cuerpo suplÃa las demás faltas: no tenÃa siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacÃan mirar al suelo más de lo que ella quisiera. Esta gentil moza, pues, ayudó a la doncella, y las dos hicieron una muy mala cama a don Quijote en un camaranchón que, en otros tiempos, daba manifiestos indicios que habÃa servido de pajar muchos años.
