El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habÃan sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orÃn y llenas de moho, luengos siglos habÃa que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo, pero vio que tenÃan una gran falta, y era que no tenÃan celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacÃan una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y podÃa estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que habÃa hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la habÃa hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera que él quedó satisfecho de su fortaleza; y, sin querer hacer nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finÃsima de encaje.
Fue luego a ver su rocÃn, y, aunque tenÃa más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban.