El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha »Bien es verdad que quiero confesar ahora que, puesto que yo veÃa con cuán justas causas don Fernando a Luscinda alababa, me pesaba de oÃr aquellas alabanzas de su boca, y comencé a temer y a recelarme dél, porque no se pasaba momento donde no quisiese que tratásemos de Luscinda, y él movÃa la plática, aunque la trujese por los cabellos; cosa que despertaba en mà un no sé qué de celos, no porque yo temiese revés alguno de la bondad y de la fe de Luscinda, pero, con todo eso, me hacÃa temer mi suerte lo mesmo que ella me aseguraba. Procuraba siempre don Fernando leer los papeles que yo a Luscinda enviaba y los que ella me respondÃa, a tÃtulo que de la discreción de los dos gustaba mucho. Acaeció, pues, que, habiéndome pedido Luscinda un libro de caballerÃas en que leer, de quien era ella muy aficionada, que era el de AmadÃs de Gaula… »
No hubo bien oÃdo don Quijote nombrar libro de caballerÃas, cuando dijo: