El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha Poco más quedaba por leer de la novela, cuando del caramanchón donde reposaba don Quijote salió Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces:
-Acudid, señores, presto y socorred a mi señor, que anda envuelto en la más reñida y trabada batalla que mis ojos han visto. ¡Vive Dios, que ha dado una cuchillada al gigante enemigo de la señora princesa Micomicona, que le ha tajado la cabeza, cercen a cercen, como si fuera un nabo!
-¿Qué dices, hermano? -dijo el cura, dejando de leer lo que de la novela quedaba-. ¿Estáis en vos, Sancho? ¿Cómo diablos puede ser eso que decÃs, estando el gigante dos mil leguas de aquÃ?
En esto, oyeron un gran ruido en el aposento, y que don Quijote decÃa a voces:
-¡Tente, ladrón, malandrÃn, follón, que aquà te tengo, y no te ha de valer tu cimitarra!
Y parecÃa que daba grandes cuchilladas por las paredes. Y dijo Sancho:
