El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha Viendo, pues, que, en efeto, no podÃa menearse, acordó de acogerse a su ordinario remedio, que era pensar en algún paso de sus libros; y trújole su locura a la memoria aquel de Valdovinos y del marqués de Mantua, cuando Carloto le dejó herido en la montiña, historia sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creÃda de los viejos; y, con todo esto, no más verdadera que los milagros de Mahoma. Ésta, pues, le pareció a él que le venÃa de molde para el paso en que se hallaba; y asÃ, con muestras de grande sentimiento, se comenzó a volcar por la tierra y a decir con debilitado aliento lo mesmo que dicen decÃa el herido caballero del bosque:
-¿Donde estás, señora mÃa, que no te duele mi mal? O no lo sabes, señora, o eres falsa y desleal.
Y, desta manera, fue prosiguiendo el romance hasta aquellos versos que dicen:
-¡Oh noble marqués de Mantua, mi tÃo y señor carnal!
