El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha -Déjeseme a mà el hacer esa experiencia -dijo el cura-; cuanto más, que no hay pensar sino que vos, señor capitán, seréis muy bien recebido; porque el valor y prudencia que en su buen parecer descubre vuestro hermano no da indicios de ser arrogante ni desconocido, ni que no ha de saber poner los casos de la fortuna en su punto.
-Con todo eso -dijo el capitán- yo querrÃa, no de improviso, sino por rodeos, dármele a conocer.
-Ya os digo -respondió el cura- que yo lo trazaré de modo que todos quedemos satisfechos.
Ya, en esto, estaba aderezada la cena, y todos se sentaron a la mesa, eceto el cautivo y las señoras, que cenaron de por sà en su aposento. En la mitad de la cena dijo el cura:
-Del mesmo nombre de vuestra merced, señor oidor, tuve yo una camarada en Costantinopla, donde estuve cautivo algunos años; la cual camarada era uno de los valientes soldados y capitanes que habÃa en toda la infanterÃa española, pero tanto cuanto tenÃa de esforzado y valeroso lo tenÃa de desdichado.
-Y ¿cómo se llamaba ese capitán, señor mÃo? -preguntó el oidor.