El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha Acudió el capitán a abrazar a su hermano, y él le puso ambas manos en los pechos por mirarle algo más apartado; mas, cuando le acabó de conocer, le abrazó tan estrechamente, derramando tan tiernas lágrimas de contento, que los más de los que presentes estaban le hubieron de acompañar en ellas. Las palabras que entrambos hermanos se dijeron, los sentimientos que mostraron, apenas creo que pueden pensarse, cuanto más escribirse. AllÃ, en breves razones, se dieron cuenta de sus sucesos; allà mostraron puesta en su punto la buena amistad de dos hermanos; allà abrazó el oidor a Zoraida; allà la ofreció su hacienda; allà hizo que la abrazase su hija; allà la cristiana hermosa y la mora hermosÃsima renovaron las lágrimas de todos.
Allà don Quijote estaba atento, sin hablar palabra, considerando estos tan estraños sucesos, atribuyéndolos todos a quimeras de la andante caballerÃa.
Allà concertaron que el capitán y Zoraida se volviesen con su hermano a Sevilla y avisasen a su padre de su hallazgo y libertad, para que, como pudiese, viniese a hallarse en las bodas y bautismo de Zoraida, por no le ser al oidor posible dejar el camino que llevaba, a causa de tener nuevas que de allà a un mes partÃa la flota de Sevilla a la Nueva España, y fuérale de grande incomodidad perder el viaje.